El Caribe llega a Malasaña.
En Manuela Malasaña hay restaurantes de cocina alternativa, de plato del día y de nouvelle cuisine. También hay tabernas de barrio, bares de viejo y tascas modernas. Hay locales irlandeses, peruanos, chinos, kurdos e italianos. En esta calle de apenas 300 metros lo único que faltaba era algo de ritmo… Hasta ahora.
Azucar es la última novedad del barrio de las Maravillas. Un paladar cubano de dos pisos con una cuidadísima decoración y un esmerado servicio caribeño.
La planta de arriba, a pie de calle, alberga un bar colonialmente moderno, si es que puede existir tal combinación. Un lugar ideal para tomar un buen mojito o probar los daikiris de frutas (6,00€), que son la especialidad de la casa. En la barra se pueden picar aperitivos típicamente cubanos. Destacan sus excelentes tostones rellenos (5,50€) o la deliciosa yuca con mojo (5.00€).
Bajando las escaleras se encuentra el restaurante. Pequeñas mesas pintadas a mano con motivos inspirados en las rejas de la Habana son la base perfecta para disfrutar de una comida romántica o confidencias entre amigos. Al frente hay un pequeño escenario desde el que un seductor cantante (cómo no, también cubano) ameniza las cenas de miércoles a sábado. Los platos que se sirven son netamente caribeños, desde la eterna ropavieja (9,50€) hasta el enchilado de langosta (16,50€) pasando por el arroz imperial, que es una mezcla sorprendente de arroces, carne y marisco (14,00€).
En el Azucar no valen las prisas, se aparcan junto a la puerta al entrar. Si se asume la cadencia cubana, este nuevo bar recrea un ambiente lleno de magia, donde no es difícil encontrarse a uno mismo tocando las maracas en un concierto improvisado. El diente de oro del percusionista en plantilla (Edmundo, mulato rotundo) ilumina este oasis caribeño en medio de Madrid.









