Sunday, December 30, 2007

¡Feliz año!

Penúltimo día de diciembre, vagueando en la cama de mi sobrino, a las afueras del DF.
Mi chico está tumbado a mi lado, jugando con su movil, los perros ladran fuera, mi cuñada está abajo en la cocina inyectando dios sabe qué salsas de chile al pavo que cenaremos mañana, mi cuñado se está duchando, en diez minutos nos invitará a desayunar unos tacos en “el paisa”.
Dicen que la vida es según el color del cristal con que se mira… mis gafas son transparentes y este amanecer es luminoso y perfecto.
El 2007 no fue del todo fácil, pero estuvo bellísimo. Creo que el 2008 traerá al primero de nuestros hijos.
Soy una privilegiada.
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Saturday, December 15, 2007

“Yo chocolate, papá galleta”

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Sunday, November 25, 2007

Esta noche… ¡Sesión de Fotografía!

Hoy hemos quedado con la familia para cenar en casa. Será la primera reunión desde que nos mudamos aquí hace tres meses.

Nos hemos despertado tarde, de domingo. Mi chico está duchándose y yo escribo algo nerviosa, por fin con prisa. Llevo un par de horas despierta en la cama, pensando en que tengo que lavar a las perras, barrer las hojas caídas del patio, hacer una tarta para el postre, colgar los cuadros que aún están en el suelo esperando que decidamos dónde colocarlos martillo en mano… Mil cosas que hacer y yo saboreando la mañana de domingo perezosa hasta el mediodía.

Esta noche, en la cena, sacaremos las fotografías de nuestra casa y nuestra familia que adjuntaremos al expediente de México. Lo llevaremos en navidades, aunque dudo que podamos moverlo mucho. En México existe un período de tiempo denominado “Lupita-Reyes” en el que todo se paraliza; va desde el 12 de diciembre (día de la Guadalupe, fiesta patria por excelencia) hasta el 6 de enero… Así que no creo que nos sirva de mucho adelantar nuestro viaje de marzo para llevar personalmente el expediente, pero no podemos evitar la impaciencia.

El año pasado también estuvimos en México algo antes de Navidad. Fue una visita relámpago, de una semana, recogiendo unos papeles fundamentales para el expediente de adopción, que estábamos tramitando. Estuvimos en casa del hermano de mi chico, que siempre nos acoge con los brazos abiertos. Era mi primera visita a México en diciembre, y aluciné con la abigarrada decoración que ya desde un mes antes ocupaba la casa de mi familia. Una tarde, me encontré con un saco inmenso lleno de pijamas junto a la puerta, y al día siguiente lo sustituyó una bolsa grandísima llena de pelotas. Mi cuñada me explicó que eran regalos de Navidad para un orfanato de niñas cercano, donde trabajaba una amiga suya. Se había juntado con las mamás de los amigos de sus hijos para aportar cada quien lo que pudiera. Así, habían conseguido que uno de los papás, comerciante de Tepito (atracador de camiones en la Panamericana), surtiera de chándales de marca para todo el año a las 34 niñas del refugio, o que Bimbo, que patrocinaba un mercado en prácticas en la universidad de mi sobrina mayor, diera un ingente volumen de panes y bollos para hacer más dulce la fiesta de las huérfanas.

El día que nos volvíamos mi cuñada le habló a su amiga, que colaboraba habitualmente con el orfanato, de nuestra intención de adoptar. La señora vio el cielo abierto, éramos los papás perfectos para sus protegidas: estábamos avalados por mis cuñados, que tienen una familia ejemplar y están muy bien considerados en su entorno, se veía que teníamos recursos económicos suficientes, que éramos equilibrados y jóvenes. Además no estábamos obsesionados por conseguir bebés, nos daba igual el sexo y nos queríamos hacer cargo de hermanos. No se podía pedir más. En la lista de sus niñas había dos de 5 y 3 años que parecían destinadas a nosotros.

Cuando mi cuñis nos dijo que existía esa posibilidad, unas horas antes del vuelo que nos traería de vuelta, mi marido y yo nos miramos incrédulos y esperanzados. ¡Qué demonios! A veces los milagros existen. De todos modos no quisimos hacernos muchas ilusiones y decidimos no cambiar el billete hasta que no se confirmase que existía alguna posibilidad… Un par de horas y docenas de llamadas más tarde resolvimos el tema. No la había. Nos volvimos y continuamos los trámites.

Espero que esas niñas hayan conseguido ya unos padres, aunque es muy posible que continúen con las monjas. Nadie quiere hermanos mayores en México.

En fin, voy perdiendo el hilo. Yo lo que quería contaros es que esta noche haremos las fotos a través de las cuales posiblemente nos conocerán nuestros hijos. Vendrán a cenar mis padres, mis hermanos, mi cuñada, la madrina de mi madre, que es como mi abuela, y su propia familia (marido, hijas, yerno, nieto), que forma parte de la nuestra. Estoy ilusionada. Voy a ponerme guapa. Mi marido tiene rastas desde hace un mes. Decidió que esta podría ser quizá la última oportunidad de cumplir su sueño de infancia de parecerse a Bob Marley antes de quedarse calvo. Tendrá que hacerse una coleta. Yo me maquillaré y me pondré un vestido nuevo que compré la semana pasada. Creo que me sienta muy bien.

Bueno, eso es todo, ya es la una y media y he quedado con todos a las nueve. Será mejor que me ponga las pilas.

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Hay que ir preparando la casa…

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Monday, November 5, 2007

¿Me armo de paciencia o me hago ilusiones?

El día después del último post personal de esta bitácora nos entregaron el informe psicosocial. La trabajadora social, tras doce páginas nefastamente redactadas, termina:

XI) CONCLUSIONES:

Una vez realizado el estudio social de la unidad familiar compuesta por D. (…) y Dña. (…), del análisis de todos los documentos aportados por ellos, de las entrevistas realizadas, de la visita a su domicilio y de la coordinación mantenida con la psicóloga, se valora que:

  • Ambos componentes de la pareja han tenido una buena base familiar, con un adecuado proceso de sociabilización.
  • Tienen un claro deseo por ser padres, no han podido tener un/a hijo/a biológico/a lo que no les ha supuesto una gran frustación: lo han superado sin problemas y en este momento se sienten ilusionados con la posibilidad de ser padres a través de la adopción.
  • Disfrutan de una relación de pareja estable y madura, se sienten afortunados de compartir su vida y se les percibe muy enamorados. Además de ser complementarios: ella aporta a la pareja optimismo, alegría y decisión. Y él aporta responsabilidad, ilusión y mucha confianza en sus propósitos y en los de ella.
  • Ambos tienen un horario de trabajo que les permitirá atender a su hijo/a adoptado/a. Las familias de ambos estarán encantados de ayudarles en la atención del/la menor adoptado/a.
  • Tienen un buen nivel económico y cultural, lo que les permitirá atender adecuadamente las necesidades del/la menor.
  • Están integrados socualmente teniendo buenas y frecuentes relaciones con ambas familias y con los amigos. Todos aceptarán al /la menor adoptado/a por la pareja como miembro más de la familia. Sus amistades y familiares tienen hijos pequeños, por lo que el/la menor adoptado se relacionará con otros niños/as.
  • El entorno y la casa en el que viven es muy adecuado para que crezca sano el menor que desean adoptar.

XI) DIAGNOSTICO SOCIAL:

Por todo lo expuesto, se considera que la familia (…), cumple con los requisitos establecidos por la Comunidad de Madrid, en materia de adopción Internacional. Pudiéndose integrar un/a menor procedente de México.

Por lo que se valora favorablemente la adopción. Se recomienda se ofrezca a esta pareja un menor de 1 a 3 años, con posibilidad de hermanos, siendo la edad máxima del mayor de hasta 4 años.

La psicóloga, con una redacción mucho más correcta y menos farragosa en las nueve páginas de su informe, concluye:

4. CONCLUSIONES

En base a todo lo anterior, se considera que D. (…) y Doña (…), reúnen los requisitos necesarios para la adopción, ya que cuentan con recursos afectivos, intelectuales y de adaptación suficientes que permiten inferir una buena disposición a la hora de facilitar un marco familiar adecuado e integrado que garantice las funciones necesarias para la crianza, educación y desarrollo de un menor entre uno y tres años o una pareja de hermanos si el mayor no supera los cuatro años.

Por último, decir que sus condiciones psicológicas actuales parecen adecuadas para llevar a cabo este proyecto de adopción, motivo del informe, sin que se hayan detectado problemas significativos en las áreas analizadas.

Después de esperar otra semana más a que ambas profesionales corrigieran algunos datos erróneos del texto, entregué la documentación al Instituto Madrileño del Menor y la Familia (informe psicosocial, certificado de antecedentes penales y cuestionario individual) para que la evaluaran y nos dieran el Certificado de Idoneidad con el que ¡por fin! podríamos iniciar las tramitaciones en México.

Como mi marido iba a principios de noviembre a su país y seguramente no volveríamos a ir hasta marzo, pregunté la fecha aproximada de resolución, por si fuera posible que él mismo comenzara a moverlo todo en noviembre. La señorita, al tiempo que pegaba indolente un nuevo código de barras en la documentación que le estaba entregando, respondió con voz átona “En un mes y medio o dos meses recibirá la carta”.

Así que hasta navidades nada de idoneidades, y puesto que hasta marzo no viajamos a México… ¡cinco meses más de retraso! Porque pensamos hacer los trámites por libre, sin intermediación de ECAI. Intenté preguntarle de nuevo cada cuánto se reunía el comité que evaluaba los informes. Quizá si les explicaba la situación podrían añadir nuestro expediente al montón de la próxima reunión y adelantarlo… Mi nueva amiga respondió sin mirarme, con la misma frase, en un tono aún más lacónico si cabe “En un mes y medio o dos meses recibirá la carta”. Aguanté como pude las ganas de sacudirle por las solapas de la chaqueta (ya me estoy hartando de la mala educación, los desprecios y el maltrato que me encuentro a cada paso en este proceso) y dí media vuelta intentando no parecer herida.

Por la tarde le conté la situación a mi tía favorita, que hace tiempo tuvo contacto profesional con un responsable de adopciones de la Comunidad de Madrid. Quería saber si podría facilitarme el nombre y teléfono de alguna persona a quien pudiera pedir ayuda, por si ocurría el milagro de que un burócrata se transformara en persona y decidiera trabajar cinco minutos más para ahorrarnos cinco meses a nosotros. Con su habitual bonhomía, me aseguró que ella misma se ocuparía de llamar a su conocido para explicarle el problema.

Me habló unos días más tarde. Adelantar el proceso era imposible. El certificado de idoneidad no pasaba por manos de los padres, sino que se enviaba directamente a la administración Mexicana… Undecided

Además, para dar ánimos, el funcionario le dijo que México es uno de los países más lentos. De dos a dos años y medio a partir de que los papeles lleguen allá. Aunque, eso sí, al ser el futuro padre mexicano, los trámites podrían acortarse hasta en seis meses. Teniendo en cuenta que llevamos ya más de un año de embarazo burocrático, esa rebaja en realidad no impedirá que sea una madre primeriza treintañera. Frown

Nuestro gozo en un pozo. De nuevo a esperar con las manos en los bolsillos. Llamé a mi marido, que estaba ya en el aeropuerto de camino al DF. Me aconsejó resignación y me aseguró que aprovecharía el viaje para comprobar cuáles son los trámites que tendremos que seguir cuando al fin vayamos con el dichoso certificado.

Esta tarde he conversado con él por messenger. Le ha dicho el padre de una amiga que quizá pueda facilitarnos las cosas en el estado en el que vive a través de unos conocidos que trabajan en una casa cuna. Dice que, desde que tengamos el certificado de idoneidad, tardarían un mes o mes y medio en darnos a los niños, aunque tendríamos que continuar luego con el papeleo para terminar de legalizar la situación. También me ha contado mi chico que otra persona le ha dicho que en Chihuahua están dando rápidamente niños tarahumaras en adopción, porque la comunidad está sufriendo una hambruna terrible y el gobierno no tiene infraestructura para hacerse cargo. Y mañana mi cuñada hablará con un contacto del DIF que quizá pueda allanarnos el camino en el Estado de México.

Esto es una montaña rusa anímica. Una no puede evitar fantasear con un proceso relativamente rápido. A mi alrededor todo el mundo se embaraza y pare ininterrumpidamente: La pobre Agus se muere de nauseas en las fiestas familiares; Emi pasa con ilusión la frontera del trimestre descartando un nuevo aborto; Belén se lamenta de que su tercer hijo apenas se lleve un año y pico con el segundo; Bea da a luz a un niño inmenso de tres kilos; Marta saca el pecho cada tres horas para alimentar a la bendita de su hija; las pecas infantiles y traviesas de Beatriz se convierten en manchas serenas y maternales sobre un vientre abultadísimo; Eva no para de describir los graciosos gorgoritos de su bebé; Miros está inmensa de alegría buscando nombres vascos para su futuro chilpayate; Irma sonríe agotada sobre su hijo tras un parto de cuarenta horas…

La maternidad de todas mis primas y amigas es evidente y está definida. Es un proceso maravilloso de nueve meses en los que el hijo está siempre presente para todos, tanto para los padres como para la familia y amigos. Después del embarazo la madre da a luz un bebé normal al que todos quieren desde hace mucho y al que esperaban así, tal cual es: recién nacido, indefenso, maleable, con parecidos más o menos razonables al abuelo Fulanito o a la hermana Menganita. Aunque tenga ictericia u orejas de soplillo cumple todas las expectativas.

Mi maternidad también es real, pero no es visible, no tiene plazos definidos y arrastra una marcada frustración que está terminando por parecerme indeleble. Las visitas mensuales al ginecólogo de mis coetáneas son el equivalente a mis paseos por la administración pública. Mientras a ellas una enfermera cariñosa les aplica un gel frío en el bajo vientre y les muestra simpáticamente en la ecografía los imperceptibles latidos del corazón del embrión; a mí una funcionaria mezquina me despacha con mala educación sin ni siquiera mirarme a la cara, las más de las veces poniendo un nuevo impedimento en el proceso.

Cuando ellas vuelven a casa con su ecografía bajo el brazo nada ha cambiado, todo va bien, y le cuentan con emoción a una familia entregada cómo se va desarrollando el embarazo; y la suegra le da recetas para evitar las nauseas, y la abuela teje mantitas, y el abuelo va solícito a hacer la compra para que no se canse la futura madre y el marido tiene serias dudas sobre hasta cuándo ella puede montar en moto o ponerse el cinturón en el coche. Yo cada vez que logro un nuevo código de barras veo cómo se va alargando el camino. Y cuando la familia y los amigos me preguntan por el proceso no tengo más opción que reírme de mí misma para escurrir el bulto (¡Todo va estupendamente! lo he encargado justo para entrar al colegio con tu hijo aún nonato, antes sería una pérdida de tiempo) o masticar un relato más o menos optimista sobre la grisura de una espera amorfa que semeja ser interminable.

Tengo envidia. Una envidia loca de mis amigas y primas. Pero que nadie me malinterprete. No ansío sus embarazos, ni sus hijos biológicos. No me interesan las pataditas, me alegro de ahorrarme el parto y no me importa renunciar a dar de mamar. No tengo interés en que se me parezcan los niños. Asumo con alivio no pasarles mis taras y estoy deseosa de enfrentar junto a ellos sus problemas heredados.

No quiero otros hijos, quiero los míos, que son adoptados. Cada vez que alguien me dice, para darme ánimos, eso de “no te preocupes, ya verás, en cuanto vengan los mexicanos te quedarás embarazada” se me clava una espinita en el corazón y me dan ganas de abofetear al bienintencionado bocazas. No necesito quedarme embarazada para ser madre. Parece que los demás piensan, cuando dicen frases como esa, que los niños que están de camino son hijos a medias, remiendos, segundos platos, soluciones de tercera para un quiero y no puedo. Deseo la naturalidad y la ilusión con la que todo el mundo vive la maternidad de mis amigas, quisiera la plenitud que a ojos de los demás tiene su gravidez. Anhelo para mis hijos el valor intrínseco que tienen los suyos antes de nacer.

También me da mucha envidia la previsibilidad del embarazo, el control de mis amigas sobre los tiempos de su maternidad. Para ellas, como para mí, todo se puede acabar malamente antes de plazo. Pero si no es así, si se cuidan y tienen suerte, lo normal es que al cabo de nueve meses de preparación llegue su hijo. Simple. Sólo tienen que vivir despacio, comer bien, dormir sus horas e ir a revisiones médicas durante un periodo definido, y al terminar ese intervalo llega un bebé. Al médico se le pueden perder los resultados de la analítica o los padres pueden dudar sobre en qué hospital dar a luz, pero ello no interfiere en el plazo, el feto sigue creciendo pase lo que pase. Vendrá en nueve meses, puede que un poco antes, pero nunca más tarde. En mi caso yo no controlo nada del proceso. Mi papel se limita a bailar al son que me marca la burocracia en los tiempos que a ella se le antojan. Si no zapateo bien los pasos que dicta o se le ocurre complicar la danza, cada fase se alarga de modo indefinido, según se le ocurra a la autoridad competente. Pasa el tiempo y sigo siendo una madre en nebulosa. No sé si será niño o niña, si uno o varios, si tendrán pocos meses o algunos años. ¿Habrán nacido ya? ¿Serán indígenas o gueritos? ¿Viven en familia o nacieron en orfanato? Quiero con el alma a quien no me atrevo a poner cara, ni edad, ni sexo, ni siquiera número. No sabía que se podía almacenar tanto amor y tengo miedo de que se ensucie en la espera con tanta frustración burocrática y social acumulada.

Así que aquí estoy esta noche. Haciéndo un striptease emocional improvisado. Porque tengo ganas de dejarme llevar por la imaginación y pensar que podremos ir a México estas navidades, y quiero creer que será posible lo que propone el padre de la amiga de mi marido, y me permito fantasear con que vuelvo en enero o febrero con mis hijos, y heredo el carrito de Eva, y voy a la playa con Belén a hacer castillos de arena con mis hijos y sus primos; quiero poder soñar con que Agus, ya sin naúseas, augure un desarrollo lento pero normal en la dicción de mis niños, y con pasar un fin de semana rural y naturista con Marta vigilando desde lejos como sus hijos y los míos trepan a los árboles…

…Y mi madre haciendo rosquillas, embadurnando de masa las narices de sus nietos, y mi padre contándoles el cuento del abuelo Lucho…

… y yo dándole uso, al fin, a todo este amor que me sobra.

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Thursday, September 13, 2007

¿Me están tomando el pelo?

Pues esto es lo que hay. A partir de hoy queda inaugurada una nueva categoría en mi bitácora: Adopción.

El camino de la maternidad adoptiva es laaaargo y se construye documento a documento a través de un espesísismo bosque de burocracia. A veces, como hoy, el bosque se convierte en una selva cerrada si adoptas en pareja mixta española/mexicana. A continuación va el resumen de lo caminado hasta ahora:

  • Decides con tu chico tener un hijo.
  • Vais a la comunidad de Madrid y se lo contais a la funcionaria de turno.
  • La funcionaria os cita para una reunión informativa 15 días después. En la reunión os encontrais con 50 adultos más que tuvieron la misma idea de paternidad que vosotros. Durante unas cuantas horas os intentan convencer para que renuncieis. Os despachan con un listado de documentos y formularios que debeis entregar si seguís con la idea.
  • Comenzais a recabar papeles. Pasais las vacaciones en México esperando colas y repartiendo mordidas para tener las cosas a tiempo antes de volver a España.
  • Cuando ya reunís todo, entregais la documentación.
  • Un mes más tarde os envían un número de expediente.
  • Otro mes más tarde os emplazan para un curso formativo. Tendreis que pasar una tarde por semana durante cuatro semanas en el Instituto del Menor y la Familia junto con otros seis o siete matrimonios. Una trabajadora social y una psicóloga os hablarán interminablemente sobre las tremendas dificultades de la adopción, con la intención primordial de que no continueis el proceso, o, si es que resultais tenaces, de que al menos vayais “preparados” hacia la paternidad. Al terminar el curso os dan un certificado de asistencia.
  • Con ese certificado y el número de expediente vais al colegio de trabajadores sociales. Allí otra funcionaria despliega una lista de nombres para que elijais quién os evaluará. Lo mismo haceis en el colegio de psicólogos. A partir de este momento se empieza a pagar en serio (600 € en cada colegio).
  • Durante el mes siguiente será el exámen. Aparte de las seis reuniones (mínimo) que celebrareis con psicóloga y trabajadora social por separado, os llevareis trabajo a casa: redacciones sobre vuestro interés en ser padres, sobre vuestra vida o sobre la educación que pretendeis dar al menor… Todo depende del celo de vuestros evaluadores y de la capacidad imaginativa del país de vuestros hijos para imponer condiciones a los futuros padres. También deberéis entregar nuevos documentos: certificados de penales, declaraciones de la renta, certificados médicos, padrones, contratos, formularios varios, certificados de ingresos, cartas de recomendación, seguros médicos, certificados de nacimiento, libros de familia, escrituras, fes

    de vida…

… y aquí es cuando esta mañana hemos alucinado. En el registro, a partir de hoy, por una orden interna de la administración de justicia, que se puso en vigor ayer pero que corresponde a una consulta del 18 de febrero de 2005, a los extranjeros que no estén nacionalizados no se les puede expedir la fe de vida. Eso sí, ningún funcionario está autorizado a escribir un justificante sobre su negativa a darte el papel que hasta ayer no tenían problemas en extender.

¿Y entonces? Pues que cada perro se lama su pijo en su consulado. ¿Y si el consulado lo deniega? Lo siento, yo no puedo hacer nada, soy solo un trabajador. Oiga, necesitamos este papel, aquí está registrado mi marido. Ya le digo que son órdenes, si no nació aquí o no tiene la nacionalidad no puedo darselo. Está empadronado en Madrid desde hace trece años, en esta misma sala se ha casado dos veces con dos mujeres españolas… ¡Está en sus ordenadores! Lo siento señora, pero no puedo hacer nada. ¡Es sólo un folio! Ponga usted la fecha de ayer si hoy no puede darlo. No es posible, hable con su consulado, lo siento. El siguiente… ¡Estamos adoptando y necesitamos la fe de vida! ¡Es lo último que nos falta para que nos den el informe!

Llegados a este punto se opera el milagro y el burócrata-autómata de la mesa de al lado se convierte en persona. Resulta que también es adoptante y empatiza con nosotros. No nos puede dar la fe de vida ni un justificante, pero se ofrece a llamar a nuestra trabajadora social para explicarle la nueva normativa y nos sugiere que vayamos a cualquier otro registro en algún pueblo de Madrid y pidamos allí el certificado. Duda que la orden haya llegado a todos los ayuntamientos. Sólo tenemos que mentir si nos preguntan por nuestra dirección, pues deberíamos vivir en el pueblo donde lo pidamos. A una mala nos sugiere que nos empadronemos en cualquier hotel del municipio…

Mañana veremos qué hacer…

Hoy al subir al taxi que nos ha traido de vuelta a casa tenía unas inconmesurables ganas de llorar.

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Tuesday, August 28, 2007

Mi mamá…

... siempre está cuando la necesito...
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Tuesday, August 21, 2007

Mañana última reunión con la psicóloga…

... ¿Los padres de estos niños tendrán certificado de idoneidad? :-)
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Monday, August 6, 2007

Informe Psicosocial.

Mañana nos visita la trabajadora social en la casa nueva. Tenemos que entregarle, entre mil papeles más, la historia de nuestra vida, cada uno la suya.

Ayer mi chico y yo estuvimos hasta las cinco de la madrugada resumiendo. Sus 35 años quedaron condensados en cuatro folios, mis 28 en otros tantos. Luego nos pusimos a fotocopiar toda la documentación que tenemos que entregar para que nos hagan el informe social. Desde las escrituras de Tulúm hasta el padrón municipal. Nos faltan cosas: certificados de penales, de salud… Hay documentos que ya hemos dado en la comunidad de Madrid y que debemos soltar ahora de nuevo. En su momento (¡novatos!) no hicimos copia.

Nada más hemos empezado los trámites y tenemos rebosante una carpeta inmensa de papeles. ¿Creíamos que los niños venían de la unión de un espermatozoide con un óvulo? MENTIRA. Los nuestros, que son tan originales, vienen de tres declaraciones de la renta y un certificado de matrimonio compulsado…

Ahora repasaré el texto de ayer, añadiré la convivencia con Albertito, el niño de acogida que esas mismas trabajadoras que deben analizarme devolvieron a su madre todavía yonki después de un año en nuestra familia… Omitiré mis opiniones. Burocracia, burocracia, burocracia… “Mis padres se casaron siete años antes de que yo naciera. Mi padre era comercial de una fábrica de azulejos, mi madre pasaba consulta en el psiquiátrico de Cantoblanco.(…)” Podrían ser una puta esquizofrénica y su chulo psicópata. No lo comprueban. Ya hemos pagado.

El viernes tuvimos nuestra primera cita con la psicóloga. Pregunta cosas como “¿Os da pena la situación desgraciada de vuestros hijos? ¿Va a suponer un problema a la hora de marcarle límites?” Dan ganas de responder “Si, señora. Nosotros venimos a Estados Unidos con fines terroristas, cómo no. Y también queremos traficar con cocaína.” Y sin embargo tomamos aire y contestamos moderadamente “Nuestra intención es dar a nuestros hijos herramientas para que puedan superar su situación de desamparo y (…)”

Tanta profesionalidad me abruma, todo sea por proteger al menor.

En fin… Guardaré a mis hijos estos papeles que estoy padeciendo en el cajón de los dientes y los dibujos infantiles. Para que de mayores vean las náuseas que sufrió su madre durante el embarazo.

Lo peor de todo: la frase que impúdicamente me espetó la trabajadora social en la primera reunión “Seamos realistas. Esto es un mercado, legal, pero mercado a fin de cuentas. México dará a sus niños a la familia que considere más capacitada. La capacitación que van a mirar es el dinero.”

Lo mejor de todo: Tenemos capacidad de sobra.

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Thursday, August 2, 2007

Cambios, cambios, cambios…

Ya vivimos en la nueva casa.

Colgamos cuadros, hamacas, organizamos armarios, libros, sábanas, sofás, mesas, menaje de la cocina, cuerdas para tender la ropa, tiramos cajas, seleccionamos lo que irá al trastero, nos sobran la mitad de las cosas, las perras son felices en el patio, el aire acondicionado está roto y hace un calor de mil demonios, la semana que viene lo arreglan, la portera de la casa antigua quiere cotillear, el martes viene la trabajadora social a analizar el hogar para el informe de idoneidad, el viernes hemos quedado con la psicóloga para la primera reunión de lo mismo, los vecinos de la izquierda son bastante maleducados, arriba tenemos una pareja de franceses muy simpáticos, los de la derecha deben estar de vacaciones porque no los vemos nunca, hoy por fin nos dieron la llave del garaje, mi marido se plantea seriamente comprar un coche, hemos contratado a una chica de la limpieza nueva que es un encanto, debo escribir mi vida para la trabajadora social, mi chico también, él lo hace en clave de humor, yo primero escueta y luego verborreica, aún no fuimos a la piscina, jugamos nuestro primer backgammon en el salón, se oye a los vecinos hacer el amor, leí mi primer libro en la hamaca, todavía tengo el ordenador en la casa antigua, mi padre dice que le gusta comer conmigo, aún no contraté el teléfono nuevo, ha llegado el primer okupa, le hemos puesto una cama en la casa antigua para que se las apañe mientras busca dónde quedarse, toda la familia participó en la poda de la hiedra y la colocación del patio, los amigos están encantados, madrugamos, por la noche hay silencio, no pasa el camión de la basura, ayer hicimos una cata de daiquiris en la terraza, no supimos enchufar el calentador del gas, el motor del hidromasaje está roto, el casero lo va a arreglar, hicimos una super compra, cocimos los primeros garbanzos, inauguramos la casa con una botella de kripta, el local nuevo está ya casi casi, tenemos que organizar los papeles de la adopción, debemos de presentar otra intemerata de documentos más para el martes, he hecho mi primer presupuesto serio serio serio, tengo mucho trabajo en agosto, mi sobrina está de monja, mi cuñado está triste, no podemos hablar por teléfono porque quedó en la casa antigua, dejo tiradas a mis amigas, tengo que hacer la invitación de boda de mi hermano, hay varios proyectos en perspectiva, todos urgentes, me sobran muebles, no sé dónde meteré mi mesa de trabajo cuando me la lleve, mi madre habla a veces distinto idioma al mío, pero al cabo nos entendemos y reímos por gestos, he dejado dos bikinis en el armario de entrada y la llave de la piscina sobre el telefonillo para quien quiera llegar, ayer nos inventamos nuevas reglas del uno, no tengo mucho tiempo para leer, espero que la vida se relaje.

Todo se encamina…

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