Jueves 29 de Noviembre de 2007

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llegar sano y salvo al término de mi viaje, no tardé en hallarme en esta ciudad de El Cairo, que es tu ciudad, Cuando llegué, todos los corredores, avisados de mi viaje, me rodearon y yo les di las telas, y salieron en todas direcciones a ofrecer mis géneros a los principales compradores de los zocos.

Entonces un día, después de salir del hammam, descansé un rato, almorcé un pollo, bebí algunas copas de vino, me lavé enseguida las manos, me perfumé con esencias aromáticas y me fui al barrio de la kaisariat Guergués, para sentarme en la tienda de un vendedor de telas llamado Badreddin Al-Bostaní.

Pero mientras conversábamos vimos llegar a una mujer con un largo velo de seda azul. Y entró en la tienda para comprar géneros, y se sentó a mi lado en un taburete. Y el velo, que le cubría la cabeza y le tapaba ligeramente el rostro, estaba echado a un lado, y exhalaba delicados aromas y perfumes. Y la negrura de sus pupilas, bajo el velo, asesinaba las almas y arrebataba la razón.

Pero la dama, después de examinar algunas telas, que no le parecieron bastante lujosas, dijo a Badreddin: "¿No tendrías por casualidad una pieza de seda blanca tejida con hilos de oro puro?". Y Badreddin fue al fondo de la tienda, abrió un armario pequeño, y de un montón de varias piezas de tela sacó una de seda blanca tejida con hilos de oro puro, y luego la desdobló delante de la joven.

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Posted by laindependiente at 14:25:01 | Permanent Link | Comments (0) |
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