Martes 19 de Junio de 2007

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Las páginas anteriores, que el dibujo ilustra, dicen así:

(...)

A historia do demo

Nos tempos en que vivían os primeiros seres humanos aínda non existía o demo, pero había un vello que sabía contar contos moi ben. Vivía nunha cabana feita con pólas de abeleira e, cando chegaba a noitiña, ás persoas gustáballes xuntarse en torno a el para escoitalo.

Moitas veces contaba o conto dun home antipático que lles facía a todos unhas boas sopas. Inventoulle un nome: Demo. Dicíalles que era doado recoñecelo porque tiña dous cornos e un pezuño no canto dun pé, e ademais coxeaba un chisco, e que moitas veces se transformaba, en muller, en cardo, en carneiro ou en calquera animal, pois podía facer de todo.

A tribo á que pertenecía aquel vello estaba formada por persoas amigables e pacíficas, pero cando lles preguntaba de quen quería que lles falase, case sempre lle pedían: -¡Do Demo! ¡Do Demo!

Un dos seus oíntes máis aplicados, un mozo, decidiu un día atrapar o demo. Saíu da aldea e cando v viu un carneiro, abateuno e cortoulle un pé; tiña dous fermosos cornos sinuosos, e o mozo estaba seguro de que era o demo transformado.

Mais o dono do carneiro deulle unha malleira e botouno de alí.

Preto da seguinte aldea viu unha cabra e abateuna; cortoulle os dous cornos que tiña, pois desa volta estaba seguro de que non podía ser máis ca demo transformado.

Mais o cabreiro deulle unha boa malleira e botouno de alí.

Preto da seguinte aldea viu un touro, abateuno e cortoulle o rabo; tiña dous cornos e mais unha mirada feroz, polo que estaba claro que se trataba do demo transformado.

Mais os aldeáns foron correndo rapidamente onda el e déronlle tal malleira ao mozo que por un pelo non perde a vida.

Marchou da aldea coxeando, fixou o rabo do touro á cueira do pantalón, puxo os cornos da cabra na cabeza e atou o pezuño do carneiro ao pé, e a partir de entón fixo cousas malas sempre que tiña ocasión, de xeito que as persoas logo deron en chamalo Demo, e estaban seguras de que sempre existira e de que sempre existiría.

(...)

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Cronología aproximada de una maternidad difícil.

Hace cinco años:

  • Mi suegra estuvo en mi casa unos meses. Tuve un cólico un día y se puso a aplaudir como loca. Me miró a los ojos encantada y me auguró un hijo sano y grandote. Yo me eché a reir.

Hace cuatro años:

  • Cambié la píldora por el ácido fólico, continué con mi vida tranquilamente.

Hace tres años y medio:

  • Belén tuvo a su primer hijo. Mi padre me llamó a las ocho de la mañana nada más enterarse para preguntar "¿Y tú para cuándo?". A mí se me encogió el estómago.

Hace tres años:

  • Dejé el trabajo agobiante que desarrollaba. El estrés es contrario a la concepción. Me puse tranquilamente a aprender una nueva profesión que me permitiera trabajar en casa y cuidar a los inminentes hijos.

Hace dos años y medio:

  • Mi ginecóloga me dió volantes para una batería de pruebas. Empezamos con un espermiograma que salió perfecto. Me sorprendí llorando en una representación de Yerma.

Hace dos años y tres meses:

  • Terminé con la última prueba. Ningún problema. Me recetaron hormonas para regular la ovulación. Engordé, me salió barba y volví a ser la torpe ciclotímica que fui a los trece años.

Hace dos años:

  • Marta bautizó a su segundo hijo. Mi padre, el padrino, dijo a todo el que quiso escucharle que tenía que conformarse con sus ahijados porque yo no me ponía a hornear sus nietos. Mi barba y mis ganas de gritar le cogimos discretamente en un aparte y le explicamos, con mucha serenidad y cara de poquer, que sus comentarios eran dolorosos.

Hace un año y nueve meses:

  • Acepté que las hormonas me sentaban fatal. Dejé de tomarlas. Decidí que no me pondría en otro tratamiento médico. Renuncié a la inseminación artificial.

Hace un año y seis meses:

  • Aborté durante un viaje a México. Me negué a ir al médico e hice a las bravas sietemil kilómetros de coche sangrando intermitentemente durante un mes. Al final del periplo, en el paraíso de Bakalar, me sentí afortunada porque sí podía quedarme embarazada. También me enteré de que Eva había abortado y estaba muy triste. Lo sentí por ella y les compré un sonajero de madera a cada uno de nuestros futuros siguientes hijos.

Hace un año y tres meses:

  • En el bautizo del segundo hijo de Belén, Aurora, que cogió al vuelo un comentario inoportuno de mi madre, se pasó media hora explicándome que no tenía que agobiarme porque así no quedaría embarazada. No sólo no conseguí hacerle entender que no estaba angustiada sino que además ella logró que dudara y me sintiera culpable. Empecé acupuntura para intentar regular las ovulaciones de un modo más natural.

Hace un año:

  • Mi marido y yo decidimos adelantar la decisión de adoptar, que desde el principio habíamos reservado para el segundo hijo.

Hace nueve meses:

  • Empezamos ilusionados el proceso de adopción.

Hace seis meses:

  • Fantaseamos a menudo con "los chilpayates". Contamos a todo el mundo nuestro proyecto. Mi suegra se disgustó, los demás nos felicitaron.

Hace tres meses:

  • Eva, por fin, dio a luz a su primer hijo. Yo le entregué el sonajero que comprara un año antes en México y estuve con el bebé en brazos toda la tarde. Acababa de recabar, por fin, el último papel que pedía la Comunidad de Madrid para iniciar los trámites de adopción internacional.

Hace dos meses:

  • Llegó el número de expediente. Eramos oficialmente papás en ciernes.

Hace un mes:

  • Comenzamos los talleres de adopción internacional en la Comunidad de Madrid. Constatamos que teníamos la actitud idónea, las ganas perfectas y el equilibrio emocional necesario para ser padres adoptivos.

Hace dos semanas:

  • No vino a tiempo la regla.

Esta mañana:

  • Dió negativa la prueba de embarazo. Desconcertada, me entristecí.

Esta noche:

  • Estoy enfadada conmigo misma por haberme hecho ilusiones durante los últimos días...
Cry
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Miércoles 13 de Junio de 2007

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sino pensamientos y tentaciones fugaces. Sin embargo, seguro que era culpable y que, sin querer, René la castigaba por una falta que no conocía (puesto que era interior), pero que Sir Stephen había descubierto al instante: la facilidad. O se alegraba de que René la hiciera azotar y la prostituyera, porque su apasionada sumisión daba a su amante la prueba de su entrega, pero también porque el dolor y la vejación del látigo y el ultraje que le infligían los que la forzaban al placer cuando la poseían y gozaban sin tener en cuenta si ella gozaba o no, le parecían el medio de conseguir la redención de su falta. Ciertos abrazos le parecieron inmundos, ciertas manos que fueron sobre sus senos un insulto insoportable, ciertas bocas que aspiraron sus labios y su lengua como fláccidas e innobles sanguijuelas, y ciertas lenguas y ciertos miembros como bestias viscosas que al acariciarse en su boca cerrada, en el surco de su vientre y de su grupa, apretado con todas sus fuerzas, la tensaban de rebeldía hasta que el látigo la reducía, pero a los que al fin se abría con un asco y un servilismo abominables. Pero, ¿y si, a pesar de todo, Sir Stephen tenía razón? ¿Y si su envilecimiento le fuera grato? Entonces, cuanto mayor fuera su vileza, más misericordioso sería René al consentir en hacer de O el instrumento de su placer. Cuando era niña, leyó, en letras rojas sobre la pared blanca de una habitación en la que se alojó durante dos meses en el País de Gales, un texto bíblico de los que suelen inscribir los protestantes en sus casas: <<Es terrible caer entre las manos del Dios vivo>>. <<No>>, se decía ella ahora, <<no es verdad. Lo terrible es ser rechazado por las manos del Dios vivo.>> Cada vez que René demoraba la hora de verla, como había hecho aquel día, y tardaba -porque ya habían pasado las

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Martes 12 de Junio de 2007

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>>Durante el año y medio que duró nuestro noviazgo tuvimos muchas discusiones por tonterías. En algún momento incluso yo pensé dejarlo. Pero luego su madre y la mía conseguían que hiciéramos las paces y volviéramos a empezar.

>>Yo notaba sobre todo que ella era una niña mimada, mala estudiante, con lo cual se parecía un poco a mí. Le gustaba ir de compras y era muy gastona, pero entonces no reparé en ello, me pareció algo de poco valor. Yo empecé a trabajar con mi padre, con lo que disponía de más dinero del que inicialmente podía suponer. Le hacía regalos continuamente. Ella quería más y yo se los daba. Era mi juguete. Caía bien a todo el mundo y la elogiaban porque además estudiaba Derecho, aunque prácticamente no iba a clase ni cogía un libro.

>>En cuanto a mi caracter, siempre me he tenido por buena persona. Soy amable y leal con mis amigos, afectuoso, pero tengo poca voluntad, ya que desde pequeño no necesité luchar por conseguir nada... Ése puede haber sido uno de mis males. Soy presumido, me gusta vestir bien, ir de caza, ir a buenos restaurantes, aunque no tengo afición por la lectura, a pesar de que mi anterior novia me insistió mucho en ello.>>

También escuchamos algunas afirmaciones de la mujer:

>>Ahora creo que era demasiado joven o inexperta para tomar esa decisión. Tenía una idea del amor como algo maravilloso, que te llega y te envuelve por todas partes y tú no necesitas hacer nada. Pero el matrimonio no es así.

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dores. Era su ruleta rusa, algo que, por otra parte -me refiero a la ruleta rusa con pistola-, se convirtió en un deporte común en la Beirut de la guerra y de la posguerra inmediata. Una noche lo acompañé. Hice por él cuanto pude. Compartí sus insomnios. Era un buen bebedor, no un alcohólico, ni siquiera un borracho; eso vino mucho más tarde, después del secuestro.

- ¿Le secuestraron?

- Sí , como a muchos otros. Fue en 1987, a finales de mayo. Aquel año, la guerrilla pro iraní había reanudado sus abducciones de rehenes extranjeros. Periodistas, diplomáticos, empleados, profesores... Cayeron muchos. Michel no tomaba precauciones. Era moreno, llevaba barba, hablaba suficiente árabe y se movía en moto por los peores barrios, sin problemas. Pero lo cogieron al salir de su casa y lo tuvieron durante cinco semanas en un agujero, seguramente cerca de aquí, en uno de los suburbios del sur de la ciudad. Lo soltaron en la playa y se las arregló para presentarse a pedir ayuda en este mismo hotel. Se lo llevaron a París, donde poco después publicó un libro sobre su cautiverio. Y luego se perdió. Nunca regresó a Beirut, era demasiado arriesgado.

- Salió vivo, al menos -comenté-. Ese libro que escribió, ¿me lo prestarás?

Vaciló medio segundo antes de responder:

- No lo tengo, lo perdí.

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Sábado 09 de Junio de 2007

Un poco de denuncia...

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Martes 05 de Junio de 2007

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recuerdos le eran insoportables, tanto tiempo hacía que no le habían impresionado.

    Multitud de pensamientos inexpresables le persiguieron durante todo el día.

    Cuando el sol declinaba ya, alargando en el suelo la sombra de la menor piedrecilla, Jean Valjean se sentó detrás de un matorral, en una gran llanura rojiza, absolutamente desierta. En el horizonte, sólo se descubrían los Alpes. Ni siquiera el campanario de algún pueblecillo lejano. Jean Valjean estaría a unas tres leguas de Digne. Un sendero, que cortaba la llanura, pasaba a algunos pasos del matorral.

    En medio de esta meditación, que no hubiera contribuido poco a hacer más temerosos sus harapos para todo aquel que le hubiese encontrado, oyó un alegre ruido.

    Volvió la cabeza y vio venir por el sendero a un pequeño saboyano, de unos diez años, que marchaba cantando, con su zanfonía al costado y una caja a la espalda; uno de esos niños dulces y alegres que van de comarca en comarca, enseñando las rodillas por los agujeros de los pantalones.

    Mientras cantaba, el muchacho interrumpía de vez en cuando su marcha y jugaba con algunas monedas que llevaba en la mano, probablemente toda su fortuna. Entre aquellas monedas, había una pieza de cuarenta sueldos.

    El niño se detuvo al lado del matorral, sin ver a Jean Valjean, y tiró a lo alto las monedas que hasta entonces había cogido con bastante habilidad en el dorso de la mano.

    Esta vez, la moneda de cuarenta sueldos se le escapó y fue rodando por la yerba hasta donde estaba Jean Valjean.

    Éste le puso el pie encima.

    Pero el niño había seguido la moneda con la vista y lo había observado.

    No se sorprendió y fue derecho hacia el hombre.

    Era un lugar completamente solitario. En todo lo que la mirada podía abarcar, no había nadie en la llanura ni en el sendero. No se oían más que las débiles piadas de una nube de pájaros que cruzaban el cielo a gran altura. El niño volvía la espalda al sol, que ponía hebras de oro en sus cabellos, y que teñía con una claridad sangrienta el rostro salvaje de Jean Valjean.

-Señor -dijo el pequeño saboyano, con esa confianza de la infancia, que se compone de ignorancia y de inocencia-, ¡mi moneda!

-¿Cómo te llamas? -preguntó Jean Valjean.

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Ayer no pude comprar nada...

 
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Lunes 04 de Junio de 2007

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La constatación objetiva.

  • El objetivo: Mantener la calma y no tomarse el ataque de forma personal. Concentrarse en el estado de ánimo del contrario y corroborarlo de forma breve y neutral.
  • El ataque: "acaba de cometer la mayor tontería que jamás se ha visto".
  • La constatación objetiva: "mi trabajo no le gusta" o: "esperaba algo distinto".
  • El ataque: "No esperaba de ti una propuesta tan estúpida".
  • La constatación objetiva: "Te muestras todavía escéptico" o: "No te acaba de gustar mi propuesta".
  • El ataque: "¡Eres un imbécil integral!".
  • La constatación objetiva: "¡Ahora sí que estás enfadado!".
  • Aplicaciones en la vida diaria: Resulta muy útil emplear la constatación objetiva si se quiere mantener a distancia la acusación o condena del agresor. Es especialmente efectiva para rebatir críticas poco objetivas, reproches y reparos.
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Posted by laindependiente at 12:49:58 | Permanent Link | Comments (0) |

¡¡¡Africa!!!

Este verano va a ser de los memorables. A finales de Junio estaremos en Irlanda, y casi todo Julio lo invertiremos en bajar con dos coches bordeando el Atlántico hasta la frontera de Mauritania con Senegal. 

Laughing
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