Pues sí, junio ha sido apoteósico.
Para empezar, tuvimos que anular el viaje a Mauritania debido a mi inexplicable descontrol hormonal. La decisión estaba basada en dos posibilidades:
- Si resultaba embarazada no podía meterme al cuerpo ninguna de las seis vacunas preceptivas, aparte de que no estaba dispuesta a tropezar de nuevo con la misma piedra y volver a abortar a base de baches. Que si la primera vez fue en la selva, malo sería que la segunda fuera en el desierto.
- Y si no estaba embarazada y el periodo seguía sin venir, pues mejor un por si acaso que tres me cago en la leche y a coger cita con el ginecólogo para averiguar qué tipo de bicho estaba gestando.
Al final todo quedó en agua de borrajas y, a pesar de las ilusiones y desilusiones provocadas por el retraso, mi regla hizo su aparición casi tres semanas después de su cita, justo cuando consideró que debía venir: Durante el viaje a Irlanda. Lo que indica que Murphy sigue aplicando su ley con encono.

También vino La Vikinga a pasar una semana en casa. Tenía que presentar una ponencia en no se qué congreso empresarial de nuevas tecnologías y aprovechó para hacernos una visita. Mi chico estaba encantado de poder salir con ella de marcha hasta la madrugada. La noche después de que volviera a Dinamarca nos encontramos en el portal con El Holandés Errante que estaba en Madrid también en viaje de negocios. Cenamos juntos en Las Mañanitas recordando viejos tiempos y poniéndonos al día de las novedades. Me admira la capacidad de mi marido para mantener sus amistades incondicionalmente contra viento y marea a pesar de las distacias con un esfuerzo mínimo. No veíamos a ninguno de los dos desde nuestra boda, hace casi tres años, y nos reencontramos como si nos hubiéramos despedido ayer con un fugaz ¡hasta luego!.

A mediados de mes me tocó a mí encontrarme con mi gente y recuperé años mozos en Fuentepelayo. Estuve en casa de una amiga del instituto cosiendo en cuero los llaveros que otra compañera regalará a los invitados de su boda. Nos reímos mucho, trabajamos poco, hicimos paella y pastel de chocolate, recorrimos los ocho bares del pueblo, anduvimos por el campo y terminamos la noche coreando a Medina Azahara en el polideportivo municipal.
La futura casadera me entregó la invitación de boda más divertida que he recibido hasta ahora, la maquetó como periódico su cuñada, la redactó su marido, la corrigió servidora y ella hizo el sudoku y el crucigrama de la última página. Mi amiga se casará en Septiembre e intuyo que va a ser la boda del siglo, desde las 12 de la mañana hasta las 12 de la noche. Llevamos un año preparándola entre la familia y los amigos y no le va a faltar de nada: Desayuno, comida y cena, espectáculos de danza del vientre, campeonatos de mus, conciertos en directo, camas para dormir la siesta y un speaker de excepción que hilará con juegos todo el evento… ¡La repera!

La semana que siguió al sábado de los llaveros, mis desvelos inmobiliarios por fin se vieron premiados con un piso en Chamberí, cerca del trabajo de mi marido y de mis padres. Con jardín para que corran las perras, jueguen los niños y donde colgar nuestra hamaca de colores aún no estrenada. Es un piso más pequeño que el actual, pero en contraprestación tiene dos baños y aire acondicionado en toda la casa. También nos pilla más retirado de Malasaña, pero no son más de quince minutos andando y nos evitamos los gritos de los borrachos por las noches. Por desgracia sólo tiene dos habitaciones, pero podré apañármelas con una de ellas como despacho por ahora y, cuando lleguen los hijos, trabajaré en el salón mientras estén en el colegio. Ciertamente el alquiler es más caro que la casa en la que hemos estado los últimos cinco años, pero en contraprestación tiene árboles, piscina, trastero y plaza de garaje. Es verdad que es un barrio con mucho menos ambiente creativo, pero seguimos estando en una zona de Madrid con tanta o más enjundia popular que el centro.
El día que pusieron el anuncio en Idealista reservamos el piso, y a la mañana siguiente pagamos un mes de señal. Luego nos fuimos a Irlanda y hoy, a la vuelta, hemos revisado el contrato y tramitado el aval bancario. Creo que firmaremos a finales de esta semana, y cuento con la que viene para hacer la mudanza. Esta mañana ya he comenzado a despoblar armarios…

Ese mismo viernes terminamos el taller para futuribles papás que seguíamos aplicadamente desde mayo. Nos dieron un justificante de asistencia que, junto con la carta de apertura de expediente, nos sirve para solicitar la evaluación psico-socio-familiar con cuyo informe lograremos el certificado de idoneidad. (la burocracia en la adopción es como un videojuego: si logras aguantar todas las pruebas te dan un papel que te permite cambiar de nivel a otro más difícil. Al final, si sobrevives hasta la última pantalla, te premian con niños). En Agosto empezaremos las entrevistas con psicólogos y trabajadores sociales, ¡a ver si les gustamos!

Justo después de conseguir el certificado nos fuimos a Mountshannon a pasar una semana con mis padres, mis hermanas y un amigo. Estuvimos en las tierras de Aderyn, la protagonista de Pájaro Rojo de Irlanda, uno de mis libros favoritos de niña. Fue un viaje básicamente divertido y accidentado. Pocas cosas salieron como estaban planeadas, pero, al cabo, cada día acabó bien. De Irlanda me traje un par de kilos más debido a la sobredosis de Guinness y un pájaro pinzón que pía en gaélico. Lo encontramos en el suelo del bosque y no tuve valor para dejarlo allí. Contra todo pronóstico sobrevivió la primera noche y desde ahí todo ha ido rodado. Lo más complicado fue esconderlo en el aeropuerto, pero exceptuando cuando le dió por piar en el avión, pasó bastante desapercibido. Ahora le tengo montado en mi brazo, y aletea nervioso cada vez que pierde el equilibrio… Le voy a hacer una caseta estupenda entre las hiedras de mi nueva casa por si quiere quedarse con nosotros cuando aprenda a volar.

En fin, que en junio no ha habido lugar para el aburrimiento, y parece que este mes que empieza va a ser tanto o más movido que el anterior. Por ahora mi despacho está irreconocible lleno de trastos, cajas y bolsas que revisar de cara a la mudanza… ¿Lograré llegar bien parada a agosto?