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1990 con el advenimiento de Internet. Los virus dejaban de ser una enfermedad que se transmitía a través de disquetes para ser una pandemia global que se transmitía a través de lineas de telecomunicaciones. Las multinacionales aparecieron. Durante varios meses Panda Software congeló las actividades para dedicar todos sus esfuerzos a localizar la gran mayoría de virus que había en el mercado. Es decir, tuvo que modificar su producto. Pero, además, para sobrevivir tenía que pasar de sere una empresa local a convertirse en una empresa global. ¿Cómo hacerlo en poco tiempo y con pocos recursos? ¿Cómo podía una empresa local española competir con grandes multinacionales? Panda Software optó por fanquiciar su negocio para competir con gigantes de la informática. En pocos meses eso le permitió alcanzar casi cualquier rincón del mundo. El emprendedor detrás de Panda, Mikel Urizarbarrena, modificó radiclamente la forma de su idea. Supo ver que la forma de su idea estaba caducando, lo asumió sin complejos y actuó sobre el producto y el alcance geográfico de su empresa para sobrevivir. Un cambio en el entorno, imprevisible, estuvo a punto de ser el final de la empresa porque hizo obsoleta la forma de la idea.
Éstos son dos casos que ejemplifican cómo la idea inicial no es inmutable y puede ser adaptada a los cambios del entorno.
Pero, claro, puede objetarse que una cosa es modificar la forma de un negocio y otra el objeto del mismo, el cien por cien de la idea inicial. Un cambio radical es caro e, incluso, inviable. Si yo fabrico alas delta y me va mal, no puedo ponerme a hacer relojes de pronto.
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