Tuesday, May 22, 2007

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trascendental, que había cultivado durante la primera mitad de la década y que, todavía, taponaba mis ganas de juerga. Emergió a golpes, desmesurada y extrema como soy, la Maruja que, por dentro, siempre supo que entendía a Bergman (pecado máximo para la corrección políticamente progre del momento, como me recuerda a menudo Terenci) y detestaba a Godard; la que había sido realmente virgen con Doris Day, aunque prefería ser realmente golfa como Brigitte Bardot, por más que aparentara estar en la onda de la Vitti en L’avventura y rascara con las uñas los muros desconchados del extrarradio industrial de Barcelona para posar ante mí misma como la prueba viviente de la angustia vital, definición postexistencialista del aburrimiento que causó estragos entre mis contemporáneos.

    Una vez más la realidad se encargaba de mover el andamiaje. Y la realidad era que yo estaba en Garbo, por lo que mi trato acentuado, vía máquina de escribir, con personajes de alta cuna y de baja cama no podía sino estimular mi mordacidad. Sin duda esta experiencia con los preciosos ridículos, así como mi paso anterior por las tripas del agónico Movimiento Nacional, aguijonearon la necesidad de impertinencia que había en mí. Elisenda, siempre a la caza de nuevas secciones y a la pesca de nuevas posibilidades explotables en sus subordinados, encontró rápido acomodo para mi nueva faceta. Repasando ahora los archivos, me encuentro con mi acidez de entonces: un “Horroróscopo” tirando a borde, una sección de chismes y maldades (con dibujos de Romeu) titulada “En cien años todos calvos” y, ya más sofisticados, los fumetti que confeccionábamos con fotos de cine a cuyos personajes cambiábamos las cabezas, de las que surgían burbujas con diálogos intencionados. Eran parodias de culto del foto-romance italiano (todos adorábamos El jeque blanco de Fellini) que luego se usaron mucho en la prensa de humor que na-

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Posted by laindependiente at 11:11:15 | Permalink | No Comments »