Thursday, May 10, 2007

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(…)

    - Tu hermana Thérèse. No creas que lo hizo por gusto. Pero había que comer.

    Aquella mención alimenticia que su madre repetía como si de una excusa se tratase empezaba a lastimarlo.

    - ¿Quiere decir que se prostituyó? 

   - ¿También tú? - Ahora sí, sus palabras sonaban a reproche-. Thérèse no es una puta. Pero sí, se dejó querer por un boche. Fue el único modo de sobrevivir.

    Algo se revolvió dentro de Jules, quizá ese fondo de dolor replegado y al acecho que antes sólo presentía y ya se empezaba a desentumecer. Lucía había rescatado una manta, entre el revoltijo de ropas y enseres que los saqueadores habían desperdigado por doquier.

    - Estás muy cambiado - dijo la madre de Jules, y le acarició las mejillas como si tratara de borrar los rasgos de hombre adulto y rescatar al niño ya extinto-. Y tú también has debido de sufrir mucho.

    - ¿Dónde está Thérèse? - preguntó él, reacio a las ternezas, mientras la cubría con la manta que Lucía le había tendido.

    - Se la llevaron los fifís arrestada en un furgón, junto a otras chicas del barrio. He oído que las encierran en el Velódromo de Invierno. -Se acurrucó en su regazo-. Pero tú podrías sacarla de allí… No se atreverán a negártelo.

    La expectativa de la liberación la había tornado más optimista. Jules sintió una punzada de remordimiento y vergüenza.

    -Ojalá esté en lo cierto -dijo, y tras una pausa, formuló la pregunta que llevaba rato difiriendo-; ¿Y qué ha sido de padre?

    El rostro macilento de su madre se ensombreció de una dolorosa estupefacción:

    -¿A qué viene esa pregunta? Tu padre lleva muerto cuatro años, de sobra lo sabes. -Reparó en el desconcierto de Jules y en el vendaje de su cabeza-. ¿Qué te ha ocurrido? Estás tan pálido…

    La perplejidad de la madre se fue aguzando de alarma, a medida que empezaba a interpretar el extravío que anidaba en la mirada de Jules. Lucía intervino:

    -Tranquilícese. Su hijo ha perdido temporalmente la memoria, como consecuencia de una herida.

    Pero la madre de Jules no daba crédito a lo que escuchaba. Se aferró a la pechera de su camisa y lo zarandeó:

(…) 

Posted by laindependiente at 15:34:41 | Permalink | No Comments »