Saturday, May 5, 2007

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potente y malvado, luego no es Dios. Si quiere y puede, ¿por qué no lo impide?, ¿de dónde procede el mal entonces?”.

Pero Agustín (354-430), obispo de Hipona, introduce una idea “salvadora”: el pecado cometido por Adán y Eva fue el origen del mal, lo que se llama el pecado original. Una doctrina que no se encuentra en el Antiguo Testamento y en el Nuevo podría intuirse rudimentariamente “interpretando adecuadamente” los textos: en los Evangelios ni se menciona y podría encontrarse alguna referencia indirecta y confusa en Corintios, Gálatas, Efesios y Romanos. Por otro lado, choca con la tradición cristiana primitiva, en la que, como hemos visto, el pecado de Satán ocurrió después del de Adán, por tanto, mal pudo tentar a Adán.

El Nuevo Testamento destaca más el problema del mal moral que el del mal natural y afirma que Dios creó el universo con buenos fines, pero permitió que Satán tenga un poder temporal sobre el orbe, de tal modo que actualmente “el mundo entero yace en poder del Maligno”. Según la Iglesia, con el advenimiento de Cristo y gracias a su Pasión, el diablo está siendo debilitado, pero no vencido: esto sólo ocurrirá en la segunda venida de Cristo -parusía- al final de los tiempos. Pero ¡cuidado!, que en la segunda venida Cristo someterá a Satán sólo durante mil años, después Satán se liberará y seguirá haciendo el mal, hasta que sea definitivamente vencido. Resulta, como mínimo, sorprendente que todo un Dios tenga que hacerse hombre y sufrir tortura y muerte para no conseguir vencer a Satán, solamente debilitarlo, necesitando venir otra vez para encadenarlo sólo mil años y, por lo visto, a la tercera va a la vencida. La inconsistencia, la ambigüedad y la falta de sentido de estos mitos son una herencia del judaísmo, pero son consustanciales a la teología cristiana.

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Posted by laindependiente at 20:20:17 | Permalink | No Comments »

La vida a través de los libros.

El curso que hice segundo de BUP, hará algo así como quince años, leía (devoraba) una novela diaria. Mis padres y yo estábamos enfadadísimos, y cada uno ejercía su poder a su manera: ellos me castigaban sin salir cada tarde y cada fin de semana y yo obviaba el entrar a clase y me quedaba en la puerta del instituto, sentada en la escalera, huyendo a lomos de cada libro que cayó en mis manos. Tragué de todo, desde Platón a Corín Tellado, pasando por Alfonso Ussía, Susan Sontag, Clarín, Rosa Montero, Sade, Nora Roberts…

Un día, a finales del segundo trimestre, no pude llegar a casa antes que el cartero y me encontré a mi madre esperándome en la puerta, en la mano una citación para explicar mis ausencias al consejo de estudios… ¡ups! Aquello no facilitó nada la relación familiar y desde esa reunión, para no manchar con tinta indeleble mi expediente, tuve que asistir a clase cada día. Claro que asistir nunca fue sinónimo de atender, y al poco los profesores se acostumbraron a tener un mueble de pelo rizado al fondo del aula, siempre con la cabeza gacha, absorta en el eterno libro escondido bajo el pupitre.

Evidentemente repetí segundo, cambié de instituto y la vida, con sus más y sus menos, continuó hirviendo ente poemas, cigarros, amigas, broncas, novelas, silencios, amores y amantes. Reconduje mis estudios y tercero, ya fuera del hogar, lo pasé sin grandes esfuerzos y con aceptables resultados. Posiblemente uno de los factores que hicieron posible el milagro fue vivir fuera de España. No tanto por la madurez que la independencia debía imprimir en mi caracter, sino porque no tenía apenas acceso a literatura en castellano.

COU lo hice en el Liceo de París y marcó un punto de inflexión en mi vida académica. Por primera vez disfruté las clases. Tuve excelentes profesores, me libré de las ciencias e hice amistad con compañeros y compañeras motivados. Allí volví a llevar la cuenta de los libros que leía: cogía de la biblioteca dos cada lunes, exceptuando las semanas de exámenes, que me obligaba a pasar de largo por la puerta.

El otro día recordaba todo esto y me dio por pensar que ya no tengo un ritmo de lectura definido. He cambiado la poesía por el ensayo y me he mantenido fiel a la novela, dragón blanco que nunca me abandona. Leo mucho, más que la media. Compro libros asiduamente, aunque siempre menos de los que me gustaría. Ya no dedico las tardes a leer, aunque a veces puedo pasar uno o dos días enteros sin existir para nadie, escondida tras las páginas de cualquier epistolario. Sigo consumiendo sin empacho novela romántica al mismo nivel que los clásicos o tutoriales informáticos. No hay orden ni concierto en mi manera de vivir la literatura. No soy capaz de relacionar autores con títulos, aunque recuerdo detalladamente cada argumento, y con el tiempo me he hecho con un pequeño abanico de temas en los que profundizo y de escritores a los que vuelvo con cierta regularidad.

Inspirada por esos memes literarios que se pasan de blog en blog copiando frases o párrafos de obras cercanas, he pensado abrir un nuevo tag en esta mi bitácora para intentar llevar registro de mis otras vidas, las que sólo me pertenecen a mí y recomienzan en cada primer capitulo. Voy a intentar seguirme la pista a través de la página 113 de cada libro. A ver a dónde llego…

Posted by laindependiente at 19:25:57 | Permalink | Comments (2)