Hoy es mi cumpleaños
Ya tengo 28 años. Jorge, el suegro de mi cuñado, que está pasando en casa las vacaciones de Semana Santa, me ha enviado un power point con el siguiente poema:
Uno crece…
Imposible atravesar la vida…
sin que un trabajo salga mal hecho,
sin que una amistad cause decepción,
sin padecer algún quebranto de salud,
sin que un amor nos abandone,
sin que nadie de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio.
Ese… ese es el costo de la vida.
Sin embargo, lo importante no es lo que suceda,
sino como se reacciona.
Si ten pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes,
vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.
Uno crece…
Uno crece cuando no hay vacío de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad,
ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la realidad
y tiene aplomo de vivirla.
Cuando acepta su destino,
pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo.
Uno crece asimilando lo que deja por detrás
construyendo lo que tiene por delante
y proyectando lo que puede ser el porvenir.
Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas,
asimila experiencias… ¡y echa raices!
Uno crece cuando se impone metas,
sin importarle comentarios negativos ni prejuicios,
cuando da ejemplos sin importarle burlas ni desdenes,
cuando cumple con su labor.
Uno crece cuando es fuerte por carácter,
sostenido por formación,
sensible por temperamento…
¡y humano por nacimiento!
Uno crece cuando enfrenta el invierno
aunque pierda las hojas,
recoje flores aunque tengan espinas
y marca camino aunque se levante el polvo.
Uno crece cuando es capaz de afianzarse
con residuos de ilusiones,
cuando es capaz de perfumarse
con residuos de flores,
¡Y de encenderse con residuos de amor…!
Uno crece ayudando a sus semejantes,
conociéndose a sí mismo
y dándo a la vida más de lo que recibe.
Uno crece cuando se planta para no retroceder…
Cuando se defiende como ágila para no dejar de volar…
cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.
Es entonces cuando uno crece.

