Jueves 07 de Septiembre de 2006

Carita nena, carita papá (2ª Parte)

Mi padre ha leído su post del otro día.

Es decir, intuyo que lo ha leído porque ayer en la noche me llamó para recitarme (y corregir) los primeros versos de mi escrito. Luego hizo un silencio y dijo "Celso Emilio Ferreiro".

Celso Emilio Ferreiro, Manuel Curros Enríquez y Rosalía de Castro fueron mis primeras lecturas en gallego. Libros robados de las estanterías de mi padre; los inicios de una identidad "gallega" compartida, que abría un mundo de intimidad filial en el que sólo cabíamos nosotros dos.

Con los libros aprendí a hablar gallego. Cogía normalmente las ediciones bilingües y jugaba a descifrar los poemas. Tapaba las páginas impares, que contenían las traducciones, y leía las pares varias veces, saboreándolas.

Primero intentaba entender de qué trataba cada poema al completo y comprobaba mi versión en la traducción. Más tarde, en las siguientes lecturas, reparaba en cada término incomprensible e intentaba adivinar su significado a través del contexto. Era un placer increible acertar en la interpretación. Cuando ya entendía del todo cada palabra, recitaba golosa el poema entero en voz alta, admirándo al autor por encontrar y elegir precisamente esas letras, esas y no otras, y juntarlas en versos redondos a los que no les faltaba ni sobraba nada.

Los fragmentos que más me impresionaban los copiaba interminablemente en las tapas de mis diarios y cuadernos de clase y terminaba por hacerlos míos al cabo del tiempo.

Cuando tenía alrededor de ocho años me aficioné también a la música gallega. Mi disco preferido sin lugar a dudas fue Pola Union, de Benedicto.

Letras y muestras de audio. ¡Casi lloro al volver a escucharlo!

La canción que da título al disco es una adaptación de un poema de Curros Enríquez y era mi favorita. Me la aprendí de memoria. Estaba muy orgullosa, porque era la canción más larga y difícil que había cantado nunca. Aún la recuerdo estrofa a estrofa. Cuando se la canté a mi padre, cogió de su estantería un libro negro, buscó en el índice, lo abrió por la página 448 y me enseñó el poema original, que era al menos el doble de largo que el adaptado por Benedicto. Me dijo "Aún te queda bastante. Si te lo aprendes entero, te regalo el libro".

Ahora tengo a mi lado, sobre la mesa, la Obra Poética Completa de Curros Enríquez que meu pai me regaló un par de días después de aquello. Un libro viejo, ajado, con las hojas amarillentas, algunos cuadernillos sueltos... No me ha abandonado desde entonces.

Posted by laindependiente at 14:27:34 | Permanent Link | Comments (1) |