Estábamos apoyados
en el dintel de la puerta.
Los dos mirando hacia la calle.
En una amplia zona descampada jugaban varios chicos y chicas: al menos había quince en bicicleta. Y hacían piruetas de circo, mientras algunas madres los contemplaban embobadas.
Daba gozo verles correr. Llenaba el alma de júbilo verles intrépidos, alegres, decididos, llenos de vida infantil.
De pronto KIKO me dice:
-Si yo hubiera podido jugar así, … no hubiera estado en la cárcel… No estaría en el manicomio.
Y KIKO no ha dicho nada más. En silencio hemos seguido la contemplación de los niños que esparcían alegría por la vía del tren, por las malezas, por la calle cercana, por el cielo lleno de nubes frías, y… por los ojos de las madres, de sus madres.
KIKO no ha jugado nunca como esos niños. Ni ha tenido nunca a su madre contemplando sus juegos infantiles.
Luego me lo ha contado. Así, rápidamente, como avergonzado de su vida.
Y me ha enseñado los cortes que se hizo la semana pasada en el manicomio: en cada muñeca, profundos, para llegar hasta las venas y terminar a los 28 años su calvario inútil.
KIKO fue internado (abandonado por sus padres) cuando tenía 4 años. A los 10 lo llevaron a un reformatorio (donde le conocí y visité dos veces). A los 12, a otro reformatorio más duro (recuerda allí los castigos con libros en los brazos en cruz y piedrecitas bajo las rodillas, los golpes…). Y a los 15, a un reformatorio tenido como de gran seguridad. Y a los 16 en la cárcel… Y a los 19…
A los 19 fue llevado de la cárcel al manicomio. Y ahora está todavía en el manicomio. Dice que no podrá salir nunca. Porque su libertad depende del juez (aún no ha tenido juicio), de un abogado, del Director médico, del Director religioso, de la Asistencia Social, de… Y la rueda está tan bien atada, tan perfectamente soldada que es imposible romper el cerco.
Le permiten salir cada tres semanas y viene a comer con nosotros. Trabaja, y le pagan a la semana 400 ptas… Se ha enamorado de una chica que está en el manicomio de mujeres, al lado del suyo. Y no les dejan verse (sólo lo hacen a escondidas).
Sí. El KIKO quería matarse. No le es posible romper el cerco que le atenaza. Le hubiera sido mejor quedar en la cárcel. Piensa que allí sí hubiera tenido oportunidad y fuerza para suicidarse.
- Si yo hubiera podido jugar así…
No. Él nunca ha podido jugar libremente bajo la mirada de una madre. Porque en el colegio le hacían jugar a las horas y a los juegos prescritos y en la cárcel no pudo jugar. Y ahora, … ya no sabe ni quiere jugar.
Ahora… hubiera quedado horas y horas contemplando el juego libre, espontáneo, vital, estrepitoso de los niños y las niñas.
Y… todavía siguen muchos niños sin poder jugar.
Y… todavía hay muchos niños que un día podrán echarnos en cara lo del KIKO: -Si yo hubiera podido jugar así…
Pero sólo lo podrán decir cuando ya no tengan edad, ni tengan instinto para jugar. Y cuando nosotros, con nuestras cárceles o nuestros manicomios, los tengamos atados y bien atados.
Y no haya madre que los llore…



