Saturday, October 14, 2006

Estábamos apoyados

en el dintel de la puerta.

Los dos mirando hacia la calle.

En una amplia zona descampada jugaban varios chicos y chicas: al menos había quince en bicicleta. Y hacían piruetas de circo, mientras algunas madres los contemplaban embobadas.

Daba gozo verles correr. Llenaba el alma de júbilo verles intrépidos, alegres, decididos, llenos de vida infantil.

De pronto KIKO me dice:

-Si yo hubiera podido jugar así, … no hubiera estado en la cárcel… No estaría en el manicomio.

Y KIKO no ha dicho nada más. En silencio hemos seguido la contemplación de los niños que esparcían alegría por la vía del tren, por las malezas, por la calle cercana, por el cielo lleno de nubes frías, y… por los ojos de las madres, de sus madres.

KIKO no ha jugado nunca como esos niños. Ni ha tenido nunca a su madre contemplando sus juegos infantiles.

Luego me lo ha contado. Así, rápidamente, como avergonzado de su vida.

Y me ha enseñado los cortes que se hizo la semana pasada en el manicomio: en cada muñeca, profundos, para llegar hasta las venas y terminar a los 28 años su calvario inútil.

KIKO fue internado (abandonado por sus padres) cuando tenía 4 años. A los 10 lo llevaron a un reformatorio (donde le conocí y visité dos veces). A los 12, a otro reformatorio más duro (recuerda allí los castigos con libros en los brazos en cruz y piedrecitas bajo las rodillas, los golpes…). Y a los 15, a un reformatorio tenido como de gran seguridad. Y a los 16 en la cárcel… Y a los 19…

A los 19 fue llevado de la cárcel al manicomio. Y ahora está todavía en el manicomio. Dice que no podrá salir nunca. Porque su libertad depende del juez (aún no ha tenido juicio), de un abogado, del Director médico, del Director religioso, de la Asistencia Social, de… Y la rueda está tan bien atada, tan perfectamente soldada que es imposible romper el cerco.

Le permiten salir cada tres semanas y viene a comer con nosotros. Trabaja, y le pagan a la semana 400 ptas… Se ha enamorado de una chica que está en el manicomio de mujeres, al lado del suyo. Y no les dejan verse (sólo lo hacen a escondidas).

Sí. El KIKO quería matarse. No le es posible romper el cerco que le atenaza. Le hubiera sido mejor quedar en la cárcel. Piensa que allí sí hubiera tenido oportunidad y fuerza para suicidarse.

- Si yo hubiera podido jugar así…

No. Él nunca ha podido jugar libremente bajo la mirada de una madre. Porque en el colegio le hacían jugar a las horas y a los juegos prescritos y en la cárcel no pudo jugar. Y ahora, … ya no sabe ni quiere jugar.

Ahora… hubiera quedado horas y horas contemplando el juego libre, espontáneo, vital, estrepitoso de los niños y las niñas.

Y… todavía siguen muchos niños sin poder jugar.

Y… todavía hay muchos niños que un día podrán echarnos en cara lo del KIKO: -Si yo hubiera podido jugar así…

Pero sólo lo podrán decir cuando ya no tengan edad, ni tengan instinto para jugar. Y cuando nosotros, con nuestras cárceles o nuestros manicomios, los tengamos atados y bien atados.

Y no haya madre que los llore…

Con mis hermanos marginados.
Experiencias de un educador de calle.

HAL


¿Quién crees tú que merece más los honores de la Iglesia:
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Wednesday, October 11, 2006

Las brujas siguen sus caminos.

Ayer me llamó mi amiga la periodista para contarme que le han dado un programa en la radio de Lorca.

Mi otra amiga, la ex-mileurista, ha decidido quedarse en Murcia mientras dura su crisis vocacional.

Mi hermana la actriz sigue desarrollando su proyecto vital en París.

Yo me alegro mucho por ellas.

…pero me siento sola en Madrid… Cry

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Monday, October 9, 2006

Este domingo fuimos a una comida campestre.

Celebramos lo que en México se denomina comunmente una kermesse, que es una fiesta al aire libre con fines benéficos. A mí este tipo de iniciativas siempre me parecieron demasiado “gringas”, pero me alegro mucho de haber participado en la de ayer.

Nos juntamos en un descampado un montón de gente, casi todos vecinos del pueblo donde se hizo. Cada familia llevó algo de comida preparada desde su casa y allí se vendió a dos euros la ración. Mi madre participó con un gran redondo de ternera relleno, y yo llevé una bandeja de croquetas. Fuimos porque nos convocó mi hermano mayor. La fiesta se hacía en honor a su cuñada.

La cuñada de mi hermano es una mujer encantadora de apenas treinta años. Está casada con un hombre al que quiere y tiene dos hijos educadísimos que comen como verdaderas limas. Todo en su vida sería perfecto si no estuviera podridita de cancer por dentro. Ella tiene sus esperanzas puestas en el Instituto Pasteur, donde quizá puedan darle algo más de tiempo, porque aquí ya la han desahuciado. Lo suyo es una lucha trágica contra el reloj: cuanto más aguante viva más ocasiones tendrán los médicos de investigar y, a lo mejor, encontrar un remedio a la enfermedad que la está matando tan a destiempo.

La comida de ayer la organizaron los miembros de la parroquia del pueblo donde vive, la consigna era recaudar fondos para poder sufragar su viaje a París. Dudo que se haya podido juntar el dinero suficiente, pero he de reconocer que me gustó la idea. Hacía mucho tiempo que no participaba en un pequeño acto solidario como éste. Es lo que tiene vivir en la ciudad; hasta la solidaridad se institucionaliza. Los únicos gestos de generosidad posible se dan, bien en en organismos oficiales (o antioficiales), o bien de forma personal e independiente.

Lo del domingo fue una lección: A partir de hoy no volveré a juzgar las iniciativa gringas con tanto sarcasmo como hasta ahora…

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Un poco de humor…

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Friday, October 6, 2006

La Independiente se adapta

a mis ritmos deficitarios…

Está decidido, por ahora serán sólo plantillas. Creo que podré abrir la semana que viene. Por fin todo se va encauzando. Amodiño, que diría mi abuela.

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Mañana en la mañana

mi marido, mi catarro y yo iremos a la consejería de asuntos sociales a la entrevista informativa

 

Foot in mouth

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Wednesday, October 4, 2006

La familia continúa aumentando

o, más bien, regresan los hijos pródigos. Trae de camino mi padre en estos momentos a Tito, otro hijo de Frida. Éste se ha criado con un fox terrier, así que es pura pólvora. Lo echan de casa después de que tirara al suelo a mi madre y se comiera una camiseta de mi hermana. Parece ser que ya colmó todos los vasos de cualquier paciencia…

Tenemos una amiga que probablemente quiera hacerse cargo de él, pero no podremos dárselo hasta, al menos, la semana que viene.

Así que éste es el panorama:

  • Una coneja miedosa que no para de regar los alrededores de la jaula con viruta de pino y paja;
  • una perra adulta y tranquila que últimamente es incapaz de evitar la tentación de escarbar en la basura;
  • una perra joven y nerviosa con problemas esporádicos de incontinencia urinaria;
  • un perro histérico que aún parece seguir desarrollando los dientes y muerde todo lo que encuentra cerca;
  • un marido muy ocupado al que esta semana han encargado nuevas responsabilidades en el trabajo;
  • una señora de la limpieza que ha decidido cogerse las vacaciones precisamente ahora;
  • … una Independiente griposa (y con alergia a los animales) en pleno inicio de curso…

¿Sobreviviré?

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Tuesday, October 3, 2006

Sara llegó a España tras su marido

hace siete años. En Ecuador estaba estupendamente situada: no trabajaba, cuidaba de sus dos hijas, vivía en una casa grande al lado del mar, conducía un buen coche y tenía cerca a sus padres, a los que adoraba. Su esposo, con el que se había casado muy joven, regentaba un negocio propio en la playa: alquilaba motos de agua y tenía una plataforma de bungee desde la que se lanzaban los turistas. Era un marido ejemplar. Trabajaba mucho, no escamoteaba el sueldo, nunca se emborrachaba y solía llegar a casa a tiempo de dar un beso a las niñas antes de que se durmieran. A veces se enfadaba con Sara si la cena no estaba preparada cuando llegaba o si la ropa que quería ponerse no estaba planchada por la mañana; pero siempre era con razón, porque tener la cena y la ropa lista eran las únicas obligaciones de ella, que a fin de cuentas no tenía otra cosa que hacer en el día.

Una mañana ocurrió un accidente en la playa: la cuerda del bungee se partió en medio de un salto y la chica que estaba atada en el extremo murió en el acto al estrellarse contra el suelo. La goma estaba pasada y el seguro no quiso saber nada de lo ocurrido. Tras unos cuantos meses de juicio el fallo fue inculpatorio para el marido de Sara, que temiendo ser encarcelado salió del país rumbo a España. Ella quedó encargada de denunciar su desaparición, pagar a los abogados y vender lo que les quedaba. Luego se reuniría con él en Europa e iniciarían una nueva vida con las niñas. Aquel fue un año durísimo y la ingenua ama de casa tuvo que aprender mucho: Lidió con abogados, jueces y acreedores, malvendió todas sus pertenencias, se deshizo del coche, remató las motos de agua, aguantó amenazas, perdió amigos y tuvo que consolar a sus hijas cuando volvieron de la escuela llorando porque los compañeros llamaban asesino a su papá.

Finalmente, aunque se le rompió el corazón al despedirse de la familia, suspiró aliviada mientras subía en el avión. Tenía esperanza en el futuro. Su esposo ya trabajaba al otro lado del mar y había alquilado un piso modesto con dos habitaciones a las afueras de Madrid. La pesadilla había terminado.

Tardó poco en adaptarse a su nueva vida. Lo más difícil fue retomar la relación de pareja. A él no le sentaba bien la pobreza, y le costaba asumir los pequeños gastos que requerían su mujer y las hijas. Ahora daba a regañadientes el dinero que se le pedía para la administración de la casa, requería justificación de cada compra y lo negaba si consideraba que no era oportuna. En esta nueva situación Sara, que ya no era la mujer sumisa y dependiente que él dejó en Ecuador un año antes, decidió buscar empleo. Su marido consideraba la idea pésima: ¿Quién iba a hacerse cargo de las niñas? ¿Cómo podría apañarse con el cuidado del piso? ¿De qué iba a trabajar si no tenía papeles? Porque las ecuatorianas en España sólo eran empleadas de hogar, y ella no iba a desatender su casa por la de otros a cambio de una miseria, faltaría más.

(continuará)

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En dos minutos se lee el PDF…

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