Saturday, October 14, 2006

Orgullo.

Anteayer pasé todo el día junto a mi marido:

En la mañana me contó que tenía planes de iniciar un nuevo proyecto empresarial con un antiguo empleado. Éste ha cambiado de gremio y quiere independizarse; le ha propuesto a mi esposo ser socio inversor de su futura empresa. Me estuvo explicando las claves de la idea, las condiciones de la colaboración, cuáles serían los compromisos económicos con el banco, las expectativas de amortización y de beneficios… Cuando hubo terminado de plantear todos los elementos me preguntó mi opinión sobre el tema. Yo me sentí orgullosa de que se contara con mi marido para ayudar a realizar un sueño, y me encantó que él tuviera en cuenta mi criterio para tomar su decisión.

Al mediodía estuvimos hablando de nuestros planes de futuro. Hace algo más de dos años, cuando decidimos tener hijos, él planteó como condición sine qua non el contar con un patrimonio económico estable. Desde entonces trabajó teniendo en mente ese fin. A la hora de comer estuvo enseñándome, en una hoja excel, sus movimientos económicos desde entonces y a tres años vista. Vi que ya ha creado ese patrimonio del que hablaba, y ahora trabaja en hacerlo crecer para afianzarlo y que dé beneficios. Me sentí orgullosa de la resolución tranquila con la que va alcanzando los fines que se propone, y estoy inmensamente agradecida por su compromiso diario con nuestro porvenir.

En la tarde fuimos a ver un local de hostelería en un centro comercial. Lo abrió hace dos años el jefe de mi marido con otros inversores y está resultando un fracaso. Le han pedido a mi esposo su opinión antes de echar el cierre. Él considera que optimizando instalaciones, personal y producto, puede ser muy rentable. Su jefe le ha ofrecido una parte de la sociedad y un sobresueldo si se encarga de llevar a cabo las mejoras y hacer que el local dé beneficios. Allí pasamos un par de horas haciendo una lista de los fallos y hablamos de las reformas que hay que realizar. Me sentí orgullosa de su capacidad de entusiasmo con cada nuevo proyecto, y me admiró el talento reposado con el que identifica y resuelve cualquier problema.

Por la noche estuvo ordenando sus papeles mientras veíamos una película. De entre ellos sacó un sobre pequeño y me lo lanzó distraídamente al regazo. “Mira lo que llegó el otro día” dijo. Se trataba de una carta fechada en marzo, no se había acordado de enseñármela. Es una nota enviada desde la cárcel por un antiguo trabajador de la empresa. Emigrante sin papeles, con una familia en situación de riesgo en su país y muy poco dinero, aceptó llevar un paquete entre dos ciudades. Necesitaba el dinero para ayudar a los suyos y tuvo mala suerte. Mi marido se ocupó de que le llegara su sueldo a la cárcel, le consiguió una buena abogada y dio trabajo a su hermana y a su novia. En la carta, el desdichado le agradece todo lo hecho con una humildad sincera y espera poder pagarle los favores recibidos cuando salga de la prisión. Cuando leí el escrito me sentí inmensamente orgullosa de mi marido.

Creo que soy la persona más afortunada del mundo, porque estoy al lado de un hombre como él ¿no te parece?

Posted by laindependiente at 23:05:48
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