Tengo una amiga que se va a París.
Esta tarde le ayudé a recoger sus cosas para hacer la mudanza, llenamos dos cajas y una maleta.
Tiene alquilada una buhardilla en el centro de Madrid. El total de su casa mide menos que la cocina de mi piso. Además, como su propio nombre indica, es abuhardillada: No se puede estar de pie más que en, aproximadamente, cuatro metros cuadrados. En ese hogar poco se puede acumular. Ya te cuento: dos cajas y una maleta.
Mi amiga está muy agradecida a su casera. Hablaron ayer por teléfono y le va a devolver la fianza completa a pesar de que no le avisó con un mes de antelación, tal como indicaba el contrato. Quedarán el lunes y le dará, descontando lo gastado en luz y agua, 300 euros. Mi amiga trabaja todo el día en un teatro pequeño. Es actriz de teatro vocacional, así que cobra poco más de eso cada mes (menos cuando no hay función, entonces trabaja ensayando, pero no cobra).
De todos modos dice que tiene suerte porque puede irse a París, donde la compañía tiene otra pequeña sala. Allí, me comenta, podrá vivir al principio en el camerino, sin gastar en alquiler ni en transporte. Quizá pueda cobrar algo más; ella dice que el teatro en Francia está subvencionado.
Mi amiga cree que es afortunada, porque la casera le va a devolver la fianza y porque trabaja como actriz en un teatro. Pero a mí esta tarde, cuando descolgaba el único cuadro de su casa, me han entrado unas ganas horribles de llorar.